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Qué responsabilidades asumes al ser tu propio promotor

Autopromover da control, y también obligaciones legales concretas. Qué asumes exactamente, durante cuánto tiempo y cómo se limita el riesgo.

4 min de lectura

Escritorio con carpetas de proyecto de obra apiladas, un plano enrollado y unas llaves de vivienda sobre la mesa

Autopromover se explica casi siempre por lo que aporta: control sobre el proyecto, sobre las calidades y sobre el coste. Menos veces se explica la otra cara, que es igual de real. El promotor es una figura con obligaciones legales propias, y conviene saber cuáles antes de asumir el papel, no después.

Nada de esto debería disuadir a nadie. Se gestiona bien y se gestiona todos los días. Pero se gestiona mejor sabiéndolo.

Lo que la ley te atribuye

Como promotor asumes, entre otras: disponer del suelo con título suficiente, encargar y gestionar el proyecto, obtener las licencias y autorizaciones necesarias, contratar a los agentes técnicos, suscribir los seguros que correspondan, y entregar al final la documentación de la obra ejecutada.

Dicho de otro modo: eres el responsable de que exista un proyecto correcto, de que haya licencia antes de empezar, de que las personas adecuadas estén contratadas y de que quede constancia documental de todo.

Responsabilidad por vicios y defectos

Esta es la parte que más conviene entender. La ley establece garantías con plazos distintos según la gravedad del defecto: los que afectan a acabados y terminación tienen el plazo más corto; los que afectan a elementos constructivos o instalaciones y comprometen la habitabilidad, un plazo intermedio; y los que afectan a cimentación, soportes, vigas, forjados o muros de carga y comprometen la resistencia y estabilidad, el plazo más largo, de diez años.

Lo relevante para ti: el promotor responde solidariamente con los demás agentes frente a los adquirentes. Es decir, si en el futuro vendes la casa y aparece un defecto, el comprador puede dirigirse contra ti aunque el fallo sea atribuible al constructor o al proyectista. Tú podrás después repetir contra quien corresponda, pero la reclamación te llega a ti.

Por eso importa tanto que los contratos estén bien hechos y que quede documentado quién hizo qué.

Seguridad y salud

Como promotor designas al coordinador de seguridad y salud y tienes obligaciones en materia preventiva durante la ejecución. Una obra es un centro de trabajo con riesgo, y las responsabilidades en caso de accidente alcanzan a quien promueve.

No es una formalidad que se resuelva con una firma al principio. Implica que el coordinador esté realmente designado, que el plan de seguridad esté aprobado y que se aplique.

Obligaciones fiscales y administrativas

Liquidación de tasas de licencia e impuesto sobre construcciones, instalaciones y obras. Alta y gestión de suministros provisionales de obra. Declaración de obra nueva ante notario e inscripción registral al final. Gestión de residuos de construcción conforme a la normativa aplicable.

Ninguna es especialmente compleja por separado. El problema es que van encadenadas y que un retraso en una bloquea la siguiente.

Riesgo económico

Es responsabilidad menos visible que las anteriores pero igual de determinante. El promotor asume la desviación de coste. Si aparece roca en la excavación, si el geotécnico obliga a una cimentación más profunda, si un precio de material sube entre la firma y la ejecución, ese diferencial es tuyo salvo que el contrato lo asigne expresamente a otro.

De ahí que el contrato de obra sea el documento más importante que vas a firmar después de la escritura del terreno. Qué está incluido, qué queda excluido, cómo se valoran los cambios, qué pasa con los retrasos y cómo se resuelven las discrepancias.

Cómo se limita el riesgo, en la práctica

Estudio geotécnico antes de cerrar presupuesto. La cimentación es la partida que más se desvía y la que menos se puede prever a ojo.

Proyecto de ejecución completo antes de contratar. Presupuestar sobre un proyecto básico es presupuestar sobre supuestos. Las diferencias aparecen luego como «imprevistos», que muchas veces no lo eran.

Dirección facultativa independiente de quien construye. Ya lo tratamos al hablar de los agentes: es el contrapeso básico.

Contrato con precios cerrados y procedimiento escrito para modificaciones. No para evitar cambios (los habrá), sino para que cada cambio tenga precio y firma antes de ejecutarse.

Provisión para imprevistos. Reservar una parte del presupuesto sin asignar a ninguna partida, y no tocarla salvo para lo que es.

Conviene entender para qué sirve realmente. No es un colchón para caprichos ni para mejorar acabados sobre la marcha: si se gasta en eso, cuando aparezca el imprevisto de verdad (y suele aparecer en cimentación, que es lo primero que se ejecuta) ya no queda. Quien no reserva nada acaba compensando al final, y como los acabados son lo último en ejecutarse, son ellos los que absorben todos los ajustes. Es la razón por la que tantas casas terminan con una cocina o unos suelos peores que los proyectados.

El porcentaje razonable no es universal: depende de cuánto se haya definido el proyecto antes de contratar y de cuánta incertidumbre quede en el terreno. Una obra con proyecto de ejecución completo y estudio geotécnico hecho necesita menos margen que una que empieza con el proyecto a medio cerrar. Es una conversación que merece la pena tener con la dirección facultativa antes de firmar el contrato, no después.

La documentación que hay que conservar

Proyecto y sus modificaciones, licencia, contratos, certificaciones, actas de la dirección facultativa, certificado final de obra, libro del edificio, garantías de instalaciones y equipos.

Es lo que te permite reclamar si algo falla, lo que pedirá el comprador si vendes, y lo que necesitarás para cualquier reforma futura. Ordenarlo mientras ocurre cuesta poco; reconstruirlo después es casi imposible.

Vale la pena, con matices

La conclusión honesta es que estas responsabilidades son asumibles y que millones de viviendas se han promovido así. Lo que las hace pesadas no es su dificultad sino su simultaneidad: llegan mezcladas con decisiones de diseño, gestiones bancarias y una obra en marcha.

Por eso la diferencia entre una autopromoción llevadera y una agotadora rara vez está en el proyecto. Está en si hay alguien que ordene el calendario y avise de lo que viene antes de que llegue.

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